y la luz entró.
No necesitó de mi permiso
para inundar de luz el lugar, sus plantas, sus animales,
mi ser.
Solo esperaba
el gesto, la acción,
el primer paso confiado.
Lo demás, lo esencial, vino por añadidura.
A. M. A.
El yoga acompaña mi vida desde los 34 años. Fui tomando clases y formándome para comenzar el camino de facilitadora a mediados de 2004. La ...