Nada me gusta más que recorrer el jardín cada mañana. No importa si hace frío, calor o garúa.
Descubrir los cambios que día a día se producen en él me ayudan a
comprender la vida con su permanente movimiento y ciclicidad y a intuir
que "algo" la circunda, la traspasa, la conforma dándole unidad.
Día a día hacer experiencia: descubriendo una nueva flor
o aceptando que
el alcanfor cubra mi casa de un manto enorme una vez al año
o untando
de tierra negra las manos para armarle
una especial cuna a esas semillas de tomate
o sorprendiéndome con esa
planta que recogí en la calle y que creí perdida y hoy tiene un
incipiente brote
o contemplando a Negra y Cata jugando entre las cintas
argentinas o recostadas al sol con los ojitos entrecerrados disfrutando
del instante...
Sin dudas el tiempo del jardín es especial.
domingo, 6 de octubre de 2019
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