Viajaba a CABA en tren cuando él sube. Menudo, de unos 60 años,
bajito...se para con determinación en el centro del vagón y con voz
suave comienza a hablar de Dios (o ponele el nombre que quieras), de su
Amor, de que somos manifestaciones de Él, de que somos Él...luego cantó
dulcemente una alabanza.
Algunos lo escuchamos, muy pocos lo
miramos. Me parece que no le importó, sin embargo al finalizar me miró
directamente a los ojos y le correspondí. Giró y siguió su camino...
Me alegró el corazón...
A. M. A.
martes, 6 de junio de 2017
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