Las ramas y hojas del alcanfor comenzaron a bailar con el viento. Al contemplarlas la brisa me envolvió también.
Y cuando el día se hizo noche el árbol de mis ancestros se iluminó para
que en los minutos de oscuridad pasado, presente y futuro se unan en
un abrazo de sanación.
A medida que la luna se alejaba del sol un nuevo ciclo comenzó. La luz solo estaba eclipsada.
A.M.A.
miércoles, 3 de julio de 2019
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