“El discernimiento ininterrumpido es el medio para la cesación del sufrimiento”. Yogasutras
Viveka, el discernimiento, no es un momento esporádico de lucidez, sino una cualidad cultivada con constancia, es la capacidad de percibir la diferencia entre lo que cambia y lo que permanece. Y esa distinción, cuando deja de ser teórica y se vuelve experiencia, transforma nuestra forma de estar en el mundo.
En mi experiencia, ese discernimiento no aparece como una teoría brillante, sino como un instante de desidentificación.
Recuerdo haber sostenido una emoción intensa, de esas que parecen definirlo todo. El 12 de mayo del 2004 falleció mi papá. Ese día estaba sentada en el hall de la clínica esperando por unos papeles para que la ambulancia trasladara su cuerpo a la casa mortuoria. El dolor, el cansancio y la tristeza me habían tomado. Yo era eso. Y, de pronto, algo cambió: delante de mis ojos aparece un mural enorme de un ángel ocupando toda una pared. Era tan bello! había estado allí todo el tiempo. Cada vez que cruzaba ese hall para ir a la habitación de mi papá estaba allí pero yo no. Cuando contemplé esa pintura las emociones seguían ahí, pero dejaron de ser “yo”. En ese espacio apareció una paz inesperada. No porque las emociones desaparecieran, sino porque dejaron de apropiarse de mi identidad...Ahí comprendí, no intelectualmente sino vivencialmente, la metáfora: no soy las nubes; soy el cielo que las contiene.
La vida no se volvió más fácil necesariamente, pero sí un poquitito más consciente.
A.M.A.

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