Valoro
y atesoro la profundidad y la simpleza del regalo diurno: caminar
entre picaflores y mariposas escuchando el canto del río y las voces de
mis afectos;
Y el regalo nocturno que me permite reencontrarme con los bichitos de luz, miles de estrellas y la paz del silencio.
Agradecida por estos instantes...
A. M. A.
lunes, 7 de enero de 2019
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