No lo había visto porque me resisto a los anteojos de lejos pero a
veces me los tengo que poner (no me queda otra) y descubrí que arriba,
bien arriba de la pared que sostiene el tanque de agua crecía un pequeño
helecho...
Las condiciones no eran las mejores: sin tierra,
recibiendo solo el agua de lluvia, a merced del viento, sin embargo allí
estaba: CRECIENDO a pesar de las dificultades y entendí que ese era mi
gran maestro del día...
A. M. A.
sábado, 10 de febrero de 2018
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