Subo
al colectivo y lo encuentro lleno de trabajadores de la construcción.
Se los ve cansados pero mantienen una animada conversación durante todo
el viaje. Mezclan de a ratos el castellano con el guaraní...serán
correntinos, paraguayos?
Y entretenidos y dispersos viajábamos cada
uno en lo suyo cuando impactó plenamente en las ventanillas el color
del atardecer: un naranja furioso que por un instante silenció a todos.
Alguién codeó al compañero para que no se perdiera el espectáculo. Sí,
el presente nos reunió y nos unió en un solo respirar. Agradecida.
A. M. A.
viernes, 28 de julio de 2017
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